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Detective en el Supermercado, El
Título original: In Defense of Food
Autor: Michael Pollan
Editorial Temas de Hoy SA, 2009
ISBN: 978-84-8460-766-3
Palabras clave: divulgación, nutrición, bestseller, dietética
Otro libro superventas que he regalado y que aprovecho para léemelo antes, (cómo soy…). Después me enteré de que este libro lo ha leído Michelle, la esposa de Obama, que está muy interesada por el tema de la nutrición.
Me gustaría saber quién es el listo de las editoriales que les cambia el título a los libros. El original tiene sentido en base a lo que se va leyendo. El de “El detective…” parece puesto por alguien al que le gustan las series policiacas del tipo CSI, no la dietética.
El autor, el periodista Michael Pollan, es conocido por sus artículos sobre nutrición y ha publicado otro libro famoso, “El dilema del Omnívoro”. Es seguidor del movimiento alternativo sobre la nutrición.
Es una buena idea que se fije en la dieta de USA, porque es la sociedad con un índice de obesidad más alto y porque el resto del mundo imita a EEUU, ya sea en lo bueno y en lo malo.
Nos comenta que los problemas de las enfermedades que surgen debidas a una mala dieta se deben al hecho de haber sustituido la autoridad en materia nutricional desde las madres y las abuelas hacia los fabricantes de alimentos y los científicos.
El culpable directo de esto es el dinero que mueve la enorme y poderosa industria alimentaria.
¿Cómo han logrado engañar a los consumidores y hacerlos abrazar dietas equivocadas? Pues por medio de crear la llamada “Ciencia del Nutricionismo”. Y lo ha hecho sustituyendo la valoración desde los alimentos hacia los nutrientes que los mismos poseen. Esto es reduccionismo y resulta muy cómodo y muy rentable para la influyente industria alimentaria, pues en base a los nutrientes se puede justificar cualquier alimento, por peligroso que sea. Por ejemplo del chocolate se dice que tiene antioxidantes, lo que no se dice es que tiene colesterol y que tiene muchas calorías. Pero claro, ver en el envase que tiene una fuente de antioxidantes nos hace bajar la guardia y creernos que es muy saludable.
En base a esta discutida ciencia, los expertos han proporcionado consejos bastante dañinos. Yo recuerdo hace tiempo que se decía que el pescado blanco era mejor que el azul, y ahora resulta que es el azul el mejor valorado. Pero el ejemplo más lamentable que señala el autor es el de la margarina: los científicos en su soberbia quisieron hacer un alimento mejor que la mantequilla enriqueciéndola con todo tipo de beneficios (calcio, vitaninas, mineralesy crearon la margarina enriquecida a bases de un proceso de hidrogenación. Las grasas” trans” de la margarina están detrás de muchos infartos de sus cada vez menos consumidores.
Este es el error fundamental: el nutricionismo no es una ciencia sino una pseudo ciencia, pues la nutrición es una diciplina muy complicada y poco conocida. Se basan en modas y fobias (ahora la última moda es el omega 6 y se pone en todo lo imaginable). Además no se toma en cuenta el reparto de los nutrientes y su diferente interacción (el café de una comida evitará absorber el hierro de un filete, sea para bien o para mal).
El lector inteligente se dará rápidamente cuenta de que vender zanahorias o patatas enteras no es un gran negocio para la industria alimentaria, es mejor vender paquetes llenos de multitud de ingredientes y enunciando una buena cantidad de efectos beneficiosos para el organismo.
El colmo de la estupidez es que, según el nutricionismo, no se diferencia entre alimentos enteros o procesados (ellos solo ven nutrientes), aunque para nuestro sentido común es evidente que un tomate fresco tiene más propiedades que uno procesado. Lo que hace a la gente menos saludable son los experimentos de la ciencia nutricionista (cerdos sin grasa, maíz transgénico, huevos con omega-3, etc…).
El autor comenta que el último gran fracaso del nutricionismo es la hipótesis de que las grasas son malas para una dieta sana. Desde todos los medios de comunicación nos han vendido la idea de que hay que evitar las grasas. Pues bien, excepto las grasas “trans” de la margarina (precisamente creadas por los nutricionistas), no se ha podido demostrar de ninguna forma que las grasas son perjudiciales para la salud. Es más, el cerebro está hecho mayoritariamente de grasa y las neuronas la necesitan para protegerse. Sorprendente ¿Verdad? A la complejidad del inmenso e inexplorado campo de la nutrición humana hay que añadir la individualidad bioquímica de la persona (misteriosamente hay comida que a una persona le beneficia y a otra la perjudica).
Sus consejos son lo más conocido del libro:
1-Coma comida, no química pensada en un departamento de marketing.
2-No coma nada que su abuela no reconocería como comida.
3-Evite productos que contengan ingredientes que sean desconocidos, impronunciables, o más de cinco.
4-Evite productos que exhiban afirmaciones de propiedades saludables. Lo normal es que encubran efectos poco beneficiosos.
5-Compre en la periferia del supermercado y manténgase alejado de la zona central (donde están los alimento procesados que son más caros).
6-Salga del supermercado lo antes posible. Asi evitará las tentaciones de los paquetes bonitos con colores brillantes.
7-Coma plantas en su mayor parte, sobre todo con hojas, (para evitar pasarse con las proteínas).
8-Coma como un omnívoro, es decir, de todo.
Concluyendo, creo que la nutrición humana está en pañales y poco se conoce de una forma rigurosa. Quizás son las dietas tradicionales que funcionan las que puede considerarse que son las más sanas, pues han sido probadas con éxito durante generaciones. He leido por Internet que un plato de nuestras abuelas, las alubias pintas con arroz blanco, es nutricionalmente una maravilla, pues está compuesto de aminoácidos complementarios.
Me ha parecido una lectura muy interesante y realmente apropiada.
Valoración: 9/10
| Imprimir artículo | Este artículo fue publicado por Fulcro el 22 Enero 2010 a las 15:03, y está archivado en Nutrición. Sigue las respuestas a esta entrada a través de RSS 2.0. Puedes dejar un comentario o enviar un trackback desde tu propio sitio. |
hace 2 años
El detective en el supermercado no me podía imaginar que era un libro sobre los alimentos que comemos. La verdad , es que no sabemos lo que comemos, solamente nos fijamos en el sabor sin saber que es lo lleva o de que está hecho.
Cuando compramos tomates en el super, son insipidos, pero qué buena apariencia tiene!. Sin embargo, un tomate cogido del huerto está riquisimo, qué sabor!,textura, todo.
Yo también he leído ese libro y estoy de acuerdo con la mayoría de sus opiniones.
Saludos de Pelucona.