Titulo original: Blink, the Power of Thinking Without ThinkingInteligencia intuitiva gladwell
Malcolm Gladwell
Santillana Ediciones generales (Punto de lectura) 2006
ISBN: 84-663-1872-0
Palabras clave: psicología, intuición, inteligencia, sociología

Un periodista de investigación (el autor), se queda perplejo por la facilidad que tienen ciertas personas para decidir correctamente sobre algo en cuestión de segundos. En concreto se fija en los expetos en Arte, que en unos segundos son capades de decidir si una obra es original o si es una buena falsificación. Y, dicho y hecho, se pone a investigar sobre el asunto…

Esta idea rompe con la extendida creencia de que las decisiones hay que pensarlas profundamente, (bueno, hay excepciones, en los exámenes tipo test se aconseja contestar con la primera idea que nos surja, porque si posteriormente cambiamos de idea a fuerza de darle vueltas, es fácil que nos equivoquemos). Pero en general se nos exige que meditemos profundamente todas y cada una de nuestras decisiones.

Gladwell nos  dice que la primera labor de este libro es convencer a la gente de que las decisiones rápidas (también llamadas golpes de vista), pueden ser tan buenas o mejores que las adoptadas más deliberadamente.

Y para hacer esta afirmación se basa en la existencia del inconsciente adaptativo, que no debe confundirse con el  subconsciente, (un lugar lleno recuerdos perturbadores no accesibles conscientemente). Aquel actúa con muy poca información y es el responsable de que los seres humanos percibamos el peligro rápidamente.

Cambiamos entre  el modo consciente y subconsciente en base a la situación. Por ejemplo, en una entrevista de trabajo o al conocer por primera vez a una persona actúa en inconsciente adaptativo.

Pero que nadie cante victoria, porque estas decisiones rápidas también pueden fallar, pero eso sí, lo hace por unos razones muy concretas.

Para llegar a estas conclusiones nos habla del caso del consejero matrimonial que sabía con 15 minutos de conversación si la pareja acabaría divorciándose o no, con una precisión del 90 %. O el de los doctores que tienen más posibilidad de  ser demandados por sus pacientes. O el caso del presidente americano Thomas Harding (unos de los peores presidentes de USA, pero que fue elegido por ser el más apuesto). Van Riper, el militar y el ejercicio Millenium Challenge, o el doctor Reilly y  la gestión del dolor torácico en el Hospital Público de Cook.

De todas estas historias  me ha gustado mucho la de Paul Ekman y su asombrosa capacidad para  determinar el carácter de la gente y sus emociones tan solo viendo la expresión de sus caras. Este psicólogo ahora está de moda porque una serie de TV se basa en sus investigaciones (Miénteme, Lie to Me en el original).

Las buenas noticias (y la conclusión), son que se puede educar y controlar los juicios rápidos y las primeras impresiones (o lo que es lo mismo, los prejuicios). Los melocotones envasados en vidrio pueden parecer más sabrosos porque se parecen a los de mi abuela, pero esto no es así, son tan industriales con los demás. O que una mujer puede tocar el trombón tan bien o mejor que un hombre, tan solo hay que hacer la prueba de audición tras una cortina para que los prejuicios no funcionen.

Valoración: 7/10